ESTILOS DE CRIANZA
La crianza hace referencia al conjunto de acciones y prácticas que realizan los padres o cuidadores, en el proceso de educar y cuidar a sus hijos. En este sentido, la APA (2023) señala que se han identificado distintos estilos de crianza, entendidos como las formas en que los padres se relacionan e interactúan con sus hijos, los cuales se diferencian principalmente a partir de dos dimensiones: el nivel de calidez emocional que los padres expresan hacia el niño y el grado de control que ejercen sobre su comportamiento.
Una de las clasificaciones más populares, en cuanto a los estilos de crianza, es la propuesta por la psicóloga Diana Baumrind, quien describió cuatro estilos. El primero es la crianza autoritaria, que “hace hincapié en el control y la obediencia incondicional” de los hijos (Papalia et al., 2012, p. 271). Bajo este estilo, los padres buscan que sus hijos se adapten a un conjunto rígido de normas, recurriendo a castigos arbitrarios y severos cuando no son cumplidas.
A diferencia de otros padres, los autoritarios mantienen una actitud más distante y menos afectuosa hacia sus hijos, lo cual se refleja directamente en el comportamiento infantil. Además, este tipo de crianza minimiza el diálogo y la colaboración, privilegiando así la imposición de la autoridad (APA, op. cit.). Como consecuencia de este ambiente poco cálido y altamente controlador, los niños criados bajo este estilo tienden a desarrollar mayor descontento, retraimiento y desconfianza frente a quienes los rodean.
Un ejemplo de padres autoritarios se puede observar en una dinámica familiar en la que los padres establecen normas muy estrictas dentro del hogar, como exigir que el niño obtenga siempre las máximas calificaciones en todas las evaluaciones o que nunca llegue tarde a casa. En este contexto, si en alguna ocasión el niño obtiene una calificación baja a pesar de haberse esforzado o llega tarde porque el transporte se retrasó, los padres van a reaccionar con regaños fuertes, gritos o castigos físicos, sin dialogar o tomar en cuenta las circunstancias que ocasionaron la situación.
Por otra parte, el estilo de crianza permisiva se caracteriza por una menor exigencia y un mayor énfasis en la libertad del niño. De acuerdo con Papalia et al. (op. cit.), los padres permisivos “exigen poco y permiten que los niños supervisen sus propias actividades tanto como sea posible” (p. 271), además de consultar con ellos algunas decisiones y evitar el uso frecuente del castigo. Aunque suelen ser afectuosos y cercanos, establecen pocas reglas o límites claros, lo que puede provocar que los niños presenten menor autocontrol o inmadurez en ciertas conductas.
En concordancia con esto, la APA (op. cit.) señala que este estilo de crianza se caracteriza por una actitud generalmente aceptante y afirmativa por parte de los padres, quienes realizan pocas demandas y ejercen escaso control sobre el comportamiento de los hijos. Un ejemplo de este estilo puede observarse en una madre que, con el deseo de mantener una relación cercana con su hijo, asume un rol más de amiga que de figura parental. No tienen reglas en casa y le permite salir sin horarios y no le exige cumplir con sus responsabilidades académicas. Aunque el vínculo afectivo de la madre es evidente, su ausencia de límites y normas en el hogar puede generar en el niño o adolescente dificultades para regular su comportamiento y adaptarse a entornos que sí le exigen disciplina, como el colegio.
En contraste, la crianza autoritativa combina una postura firme por parte de los padres, con una relación afectuosa y de apoyo. Según Papalia et al. (op. cit.), este estilo “pone de relieve la individualidad del niño, pero también subraya las restricciones sociales” (p. 271), ya que los padres confían en su capacidad para guiar a los hijos, al tiempo que respetan sus intereses, opiniones y decisiones independientes. Estos padres establecen normas claras, pero explican las razones detrás de ellas, fomentan el diálogo y aplican castigos razonables cuando es necesario. Como resultado de este estilo de crianza, los niños suelen desarrollar mayor seguridad, autocontrol y confianza en sí mismos.
Para ejemplificar el estilo de crianza autoritativa, se puede hablar sobre unos padres que tienen normas establecidas en casa, como dedicar tiempo diario a los estudios y limitar el uso de dispositivos electrónicos. Cuando el niño llega con una mala calificación por no haberse preparado lo suficiente para un examen, por haber favorecido pasar tiempo jugando con su teléfono, sus padres se sientan con él, escuchan su versión y le explican por qué es importante cumplir con sus responsabilidades académicas. Como consecuencia de no haber cumplido la norma que ellos tienen en casa, deciden reducir su tiempo de pantalla, aplicando así una consecuencia proporcional a la situación.
Finalmente, de acuerdo con Papalia (op. cit.), la crianza negligente ocurre cuando los padres se “concentran en sus necesidades más que en las del niño” (p. 271). Este estilo se distingue por una actitud desinteresada y distante, en la que los padres no supervisan la conducta de sus hijos, ni establecen límites que orienten su comportamiento (APA, op. cit.). Como resultado de esta falta de involucramiento, la crianza negligente ha sido asociada con la aparición de trastornos de conducta, tanto en la niñez como en la adolescencia.
Un ejemplo de este estilo puede observarse en unos padres que, absortos en sus propias ocupaciones y prioridades, no se involucran en la vida de su hijo, desconocen su desempeño escolar y rara vez le dedican tiempo o atención. La indiferencia es tal que ni siquiera notan cuando el niño sale de casa a altas horas de la noche, sin que nadie le exija explicaciones ni establezca límites. Con el tiempo, esta falta de presencia y supervisión se refleja en el desarrollo de conductas problemáticas tanto en la niñez como en la adolescencia.
REFERENCIAS
American Psychological Association. (2023). Parenting. En APA Dictionary of Psychology. https://dictionary.apa.org/parenting
Papalia, D., Feldman D. y Martorell, G. (2012). Desarrollo Humano. Bogotá: McGraw Hill.
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